
En 1928, siendo ya general de brigada, Trujillo fue señalado como el autor de un gran fraude al comprar un cargamento de rifles cuyo precio real oscilaba los 25 dólares, al consignar en la factura un precio por unidad de 77 dólares. Los rifles, fabricado en 1893, se encontraban prácticamente inservibles.
A pesar de ser acusado por cinco diputados, el presidente Vásquez no quiso tomar medidas al respecto. Uno de los diputados, Luis Felipe Mejía, le contó personalmente al presidente cómo se dilapidaban los los fondos del ejército, mientras la fortuna de Trujillo crecía vertiginosamente.
El presidente no hizo nada, y los diputados denunciantes sufrieron una campaña de descrédito difundida en los cualrteles del ejército.
Un empleado de la misión diplomática norteamericana en esa época, el puertorriqueño Medina Benet, señala en sus memorias, publicadas en 1976 bajo el título de “Los Responsables”, que los latrocinios de Trujillo mientras estuvo al frente del Ejército llegaron a alcanzar a niveles sorprendentes.