
También dentro del ejército, el deterioro de las condiciones de vida de los soldados originó una conspiración de más de 400 rasos y oficiales que fueron delatados por un traidor infiltrado y finalmente hechos presos y luego ahorcados en sus celdas. Otros fueron fusilados o fallecieron víctimas de las torturas que incluían un inhumano sistema de trabajo forzado al que fueron sometidos.